Lectura al

qu es un coleccionable

¿Qué es un Coleccionable? — Parte 3: Del poder al placer

En los artículos anteriores vimos qué convierte un objeto en coleccionable y cómo el mercado y el tiempo le dan forma a su valor.

Pero esta historia tiene raíces mucho más antiguas.

Coleccionar no es una invención moderna: es una forma ancestral de entender el mundo, de afirmar la identidad y de preservar lo que consideramos valioso.

Hoy viajaremos desde los primeros imperios hasta las vitrinas de hoy, para entender cómo el acto de coleccionar pasó de ser símbolo de poder a convertirse en una expresión personal y cultural.

Un poco de historia – Del poder al placer

El impulso de coleccionar no nació con internet, ni con los cromos, ni con las vitrinas. Es mucho más antiguo.

Coleccionar es, en realidad, una forma de poder y de conocimiento que el ser humano ha usado desde siempre para explicarse el mundo.

Los primeros coleccionistas: poder y prestigio

En las civilizaciones antiguas, acumular objetos era una forma de demostrar autoridad.

Los faraones egipcios, los emperadores chinos o los reyes mesopotámicos reunían tesoros, armas y reliquias no por afición, sino como símbolo de dominio sobre la tierra y sobre el tiempo.

Coleccionar era ordenar el caos: decir “esto me pertenece, luego existo”. En una época donde el poder se medía en posesiones, reunir objetos era reafirmar el control sobre el mundo visible.

Era también una forma de fe: preservar lo que consideraban sagrado o eterno.

El Renacimiento y las cámaras de maravillas

Durante los siglos XVI y XVII, especialmente en Europa Central e Italia, el coleccionismo tomó una nueva forma: los gabinetes de curiosidades o Wunderkammer.

En estas salas privadas, nobles y eruditos guardaban minerales exóticos, animales disecados, monedas antiguas y artefactos traídos de expediciones lejanas.

Eran el internet del conocimiento de su tiempo: un intento de capturar el mundo en una habitación.

Coleccionar era una forma de aprender, de clasificar, de encontrar sentido a lo desconocido.

Muchos de esos gabinetes acabarían convirtiéndose en museos. El Ashmolean Museum, en Oxford, nació de una colección privada donada en 1675; el British Museum, en 1753, de la colección personal de Sir Hans Sloane.

que es un coleccionable
‘Wunderkammern’ – 1617 – Alegoría de la vista por Jan Brueghel el Viejo

La evolución del museo

Las colecciones privadas fueron el germen de muchos de los grandes museos del mundo. Lo que antes era un símbolo de prestigio y poder se transformó en patrimonio común.

Los museos redefinieron el coleccionismo: ya no se trataba de poseer, sino de preservar y compartir.

Cada pieza dejó de ser propiedad de un individuo para convertirse en fragmento de la memoria colectiva. Esa transición cambió el significado del acto de coleccionar, abriendo la puerta a una nueva forma de legitimidad cultural.

El coleccionismo pasó de los palacios a las instituciones, y de la élite al público. Por primera vez, el acto de coleccionar dejaba de ser una muestra de poder individual para convertirse en una herramienta de cultura colectiva.

Siglo XIX y XX: el coleccionista moderno

Con la Revolución Industrial y la expansión de la clase media, el coleccionismo se democratizó. Las monedas, los sellos, los libros y los objetos cotidianos empezaron a circular entre aficionados anónimos.

Ya no hacía falta un título nobiliario para reunir piezas: bastaba con tiempo, curiosidad y cierta estabilidad económica.

En esta época nacen los catálogos, las ferias, las asociaciones de coleccionistas. Se institucionalizan las normas de conservación, clasificación y tasación.

El coleccionismo se convierte en un lenguaje compartido: uno que cualquiera puede aprender, pero que pocos llegan a dominar.

La era contemporánea: del hobby al fenómeno global

El siglo XX trajo consigo un cambio fundamental: la cultura popular se convirtió en materia coleccionable. Los cómics, los cromos deportivos, las figuras de acción y las cartas se transformaron en cápsulas de nostalgia que unían generaciones.

Ya no coleccionábamos lo exótico, sino lo cercano: los héroes de nuestra infancia, los símbolos de nuestra cultura. Y cuando llegó internet, todo se aceleró.

Las comunidades que antes se reunían en ferias o revistas especializadas pasaron a conectarse en foros, redes y subastas globales.

La información se hizo instantánea, los precios transparentes y los mercados, internacionales.

Historias emblemáticas del coleccionismo

Durante esta última era, la historia del coleccionismo estuvo marcada por momentos en los que la pasión y la especulación se entrelazaron.

La Junk Wax Era del béisbol estadounidense en los 80 y 90 demostró cómo la sobreproducción puede diluir el valor de lo que antes parecía escaso.

Décadas después, el fenómeno de los Beanie Babies repitió el patrón: millones de personas invirtieron en peluches que prometían convertirse en oro y acabaron siendo un recordatorio de cómo el deseo colectivo puede inflar burbujas.

Por otro lado, casos como la recuperación de obras robadas —desde los saqueos napoleónicos hasta las restituciones contemporáneas— muestran cómo el valor simbólico y moral de un objeto puede trascender al monetario.

que es un coleccionable
Los Beanie Babies supusieron una pérdida de capital inmensa para muchas familias

El coleccionista digital

En el siglo XXI, el coleccionismo se ha expandido a lo intangible. Los NFTs, las piezas de arte digital o las colecciones almacenadas en vaults —espacios de custodia donde el propietario nunca llega a tener el objeto en sus manos— representan nuevas formas de atesorar valor y significado.

Aunque los formatos cambian, el impulso sigue siendo el mismo: dar forma al pasado y construir identidad a través de lo que decidimos preservar. El coleccionismo digital plantea nuevas preguntas sobre propiedad, autenticidad y permanencia, aunque confirma que el deseo de coleccionar —de poner orden al tiempo— sigue tan vivo como siempre.

Pero también, con todo esto, llegó la especulación masiva, las burbujas y la pérdida del misterio.

Hoy, el coleccionismo vive en una paradoja: nunca fue tan accesible… y nunca estuvo tan condicionado por el mercado.

Sin embargo, su esencia sigue intacta.

Cuando un niño mete una carta en una funda o un adulto guarda una moneda antigua, está repitiendo el mismo gesto que un faraón o un mercader renacentista: el de querer preservar un fragmento del mundo para entenderlo, poseerlo y, en cierto modo, resistir al olvido.

Lo que guardamos nos guarda

Un coleccionable no es valioso por azar. Es valioso porque alguien decidió que merecía sobrevivir. Porque una comunidad, en algún momento, dijo: “esto importa”.

Cada carta, cada figura, cada moneda es una cápsula de memoria. Y si algo demuestra la historia del coleccionismo, es que guardar no es acumular: es recordar.

El coleccionismo empezó como una muestra de poder y terminó como una forma de identidad. Y en ese viaje, los objetos se convirtieron en espejos. Nos muestran lo que fuimos, lo que somos, y lo que queremos seguir siendo.

Y cuando esas piezas pasan de nuestras manos a las de otro —un hijo, un amigo, un nuevo coleccionista—, el objeto deja de hablar solo de nosotros para hablar de una historia compartida.

Ese es el verdadero legado del coleccionismo: no solo preservar lo que amamos, sino permitir que otros también lo comprendan.

Quizá por eso coleccionamos: para que, cuando el tiempo borre lo demás, algo de nosotros siga guardado en una vitrina.

PD.: AQUÍ te dejo la Guía Gratuita en PDF: «Cómo Coleccionar Pokémon TCG», donde te muestro todos mis hábitos y prácticas a la hora de coleccionar.

PD.2: Te esperamos en La Comunidad de El Camino del Coleccionista, donde encontrarás contenido exclusivo, herramientas que te ayudarán a coleccionar y podrás interactuar a través de Discord con cientos de coleccionistas. Accede desde AQUÍ.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Categorías

Descarga GRATIS la guía

Como coleccionar Pokemon TCG

También puede interesarte

Descarga Gratis la guía

Cómo coleccionar Pokemon TCG